REFLEXIONANDO

Uno y muchos

YOGA, TEORIA Y PRÁCTICA

Yoga, es un concepto que se deriva de la más elevada sabiduría, ha estado presente por su propia naturaleza, e inherente en todos los tiempos (Yoga Brahma Vidya).

Su filosofía sustenta la idea de unidad perenne, que se basa en la comprensión “de que toda existencia”, sea esta material o espiritual, conforman un indivisible estado divino, el cual se manifiesta en principio, como la Esencia-Raíz, desde donde se proyectan la infinitud de procesos cósmicos.

Se sostiene en efecto, que los dos factores principales y únicos que forman la causa origen de la existencia, por un lado el Espíritu, poseedor de la Suprema Inteligencia, y por otro la Materia que no obstante estar presente en todas las formas, se le considera en su esencia inanimada sin la presencia del Espíritu, coexisten ambos de modo inseparable en los procesos cíclicos y eternos. La inteligencia atribuida al aspecto espiritual, no podría ponerse en evidencia sin su medio que es la Materia, y a su vez la Materia sin la intervención del Espíritu, no puede crear vida.

De la interacción conjunta de estos dos aspectos mencionados, surge como consecuencia la Energía, el Poder (Shakti), que no es otra cosa que la materia misma en estado diferente y activa, la cual crea, preserva y reintegra los procesos cósmicos. Por lo tanto, toda existencia sea esta objetiva o subjetiva, está constituida e impulsada en sus funcionamientos  por la  energía, dando forma  a la infinita multiplicidad.  

De esta comprobable hipótesis se desprende, que el poder de Unidad o Yoga, está por siempre presente en la existencia, desde sus inicios (para efectos del conocimiento) como poder potencial intrínseco y  esencia raíz de todo, y luego en los infinitos y múltiples procesos que se proyectan desde el mencionado origen. Aunque dicho estado de unidad es desconocido por la generalidad humana, por falta de investigación del conocimiento de Síntesis, sin embargo la ciencia ha descubierto hoy en día, la igualdad entre energía y materia como una certeza, por lo tanto la manifestación en su constitución es una, aun cuando generalmente se prescinde de la investigación del aspecto espiritual.

 El Yoga o Unidad como base de la existencia y presente por doquier, es también naturalmente el origen del ser humano, por lo tanto, su descubrimiento constituye el principal objetivo de investigación y realización del individuo. Lograr contactar y percibir este estado por medio de la facultad mental, intelectiva superior y emocional, se llega a dilucidar uno de los mayores misterios de la vida, que es conocer nuestro origen y como consecuencia el de toda la existencia manifestada. Cuando se logra esta finalidad, según los yoguis que la han alcanzado, se está en la presencia de la Suprema Felicidad, del equilibrio que trasciende las dualidades, y además la ejecución de todo acto con maestría y destreza. Para la práctica y obtención de tan elevado logro, el único medio recomendado, es la Meditación del tipo Suddha.

Por ser la mente el  instrumento por excelencia que lo realiza, se le debe educar, dirigir, y conducir a un perfecto estado de quietud, solo así se estará en condiciones de percibir la condición del mencionado estado Uno. La práctica del Yoga generalmente se torna difícil, sin embargo, en las enseñanzas del Srimad Bhagavad Gita, cap. 14 (versión SDM), se guía al discípulo que fervorosamente abriga el deseo de realizarlo, a la práctica constante llamada “de convergencia” (Abhyasa-Yoga). Consiste esto de un modo simple, en converger los múltiples pensamientos existentes, al estado de Unidad, presente en lo profundo de sí, y en el éter del corazón de cada cual, asignándosele a éste, como su representación, la forma de una luz del tamaño del dedo pulgar (Atman), con el fin de mantener centrada en ella, a la inquieta mente.

 Esta práctica es llamada también, “Samya-Yoga” y otorga a su practicante el estado de Samnyasa, el cual es descrito como “el que renuncia a los frutos de sus acciones”. Cada pensamiento de apego a los resultados de los actos ejecutados, se entrega al Poder Divino presente, como ya se dijo, en el éter del corazón.

Dice el Gita: “Como la llama de una lámpara, en un sitio protegido de los vientos, arde sin parpadear, tal es el símil de la firmeza mental en la práctica yóguica ejecutada por el aspirante bien disciplinado, en ese estado, la mente controlada por la práctica del Yoga, consigue tranquilidad y a través de la quietud mental, contemplando el Atma, se regocija en El.  De este modo realiza el Supremo Extasis…”. Cap. 14, versos 13-14-15.

Los editores

OM NAMO NARAYANAYA

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